Una fiesta, el Cascanueces y una Boda

Este fin de semana lo he pasado algo pachucha, en el sofa, con la mantita e intoxicando mi cuerpo de quimica a no poder más jeje, ahora me río, pero no os podéis imaginar lo fatal que me encontraba, por no hablar de las pintas que tenía y mi íntima relación con el klinex. George, el klinex y yo…

La verdad es que en ese tiempo que pasé estuve echando un vistazo a las fotos antiguas que tenía por casa, ya sabéis, esas fotos de cuando eres pequeña, de cumpleaños a los 5 y a los 16 y a los 20…¡madre mía, como pasa el tiempo! Las fotos que más recuerdos me trajeron a la mente fueron las que tengo de bailarina.

De pequeña mi madre siempre me estaba metiendo en todo tipo de actividades extraescolares para que no me quedara pegada al sofá.

No os podeis ni imaginar la ilusión que le hacía preparame todo el sarao  y como se le iluminaba la cara cada vez que le decía que tenía una función o un campeonato o una exhibición. La primerita de la fila, me seguía como la mejor de las fans y siempre animandome por muy dura que fuera la caída.

Si es que a veces no se puede ir contra la naturaleza porque “la cabra siempre tira al monte”, como dice mi abuelita, y una, no es precisamente Ginger Rogers ni la nueva promesa del ballet nacional jejeje 😉

Lo cierto es que de todos aquellos años, lo único que he sacado en claro es: primero, que lo mío no era la constancia personal (…lo mío era verdadera pasión de madre, ¡lo que una llegaba a hacer por no defraudarla!), lo segundo es que nunca ganaré una medalla en los juegos olímpicos y por último, que ¡me encantan los tutús! pese a que me quedé en patito feo 😉

Por eso, este post se lo quiero dedicar a mi Madre, por supuestísimo, ¡un besazo mu’ grande, Mami! y también se lo dedico a todos aquellos años en los que disfrutaba enfundadome el tutú de las clases de ballet y en las que mis piececitos sufrían mi falta de coordinación total y absoluta jajaja

Crecí con el ballet muy presente en mi vida y si hubiera sido mi gran pasión, seguro que mi progresión en la vida hubiera sido tal que así…

A buen seguro que me hubiera pirrado tener una fiesta así, y que a todas mis amigas se les cayera la baba nada más entrar por la puerta. Y es que el Cascanueces sigue siendo, hoy por hoy, uno de mis cuentos favoritos, tanto que hasta me regalaron un anillo artesanal con el detalle en relieve de la figurita del cascanueces, es super tiernoooo.

Esta hubiera sido una tarde de amigas perfecta donde poder anunciar la gran noticia…

¿Mi vestido? Con millones de capas y siempre sin olvidarme de las zapatillas de ballet…

Y este sería un escenario perfecto para recordar el resto de mi vida…

Pero lo cierto es que de aquellos años ya sólo queda mi gran cariño por el Cascanueces y mi adoración al tul,que hace que cualquier sueño pueda flotar en el aire. Por lo demás, ¡el rosa y el azúcar en pequeñas dosis, por favor!

 

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